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Familia.
Función Magisterial De La Familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

Función Magisterial De La Familia.

Autor: Padre Nicolás Schwizer.

En la época de los primeros cristianos toda la vida eclesial se desarrollaba en las casas, ya que aún no había templos propios. Toda la familia se convertía y pasaba a formar parte de la Iglesia. Hoy en día volvemos a tomar conciencia de esta realidad tan importante. A través del bautismo y del sacramento del Matrimonio Cristo mismo está presente en cada hogar cristiano y desde allí realiza su tarea salvadora: sana, bendice, transforma, guía y educa a su pueblo en su camino de Salvación.

En el documento Lumen Gentium del Concilio Vaticano II leemos: “en esta especie de Iglesia doméstica los padres deben ser para los hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo y deben fomentar la vocación sagrada”.

Nuestra primera experiencia eclesial es nuestro propio hogar. Allí aprendemos a creer, a amar a Dios y a los hombres, allí nos desarrollamos como personas. En el seno del hogar encontramos a Dios que habita en medio nuestro. Por el bautismo participamos de la misión profética, sacerdotal y real de Cristo; por el sacramento del matrimonio lo hacemos como pareja, y Cristo mismo actúa a través nuestro santificando nuestra familia. Tanto el padre como la madre participan del magisterio, del sacerdocio y de la pastoral de Cristo. Ellos son los primeros catequistas y formadores de la fe cristiana.

La Iglesia, en su función magisterial, tiene la misión de transmitir la fe, velar por las tradiciones y verdades de la Iglesia. Cristo nos ha revelado la verdad acerca del Padre y nos ha mostrado el sentido del hombre mismo.

Esto se ha afianzado durante los siglos a través de tradiciones que cultivaron y ayudaron a llevar a la vida dichas verdades cristianas. Es nuestra tarea como familias “velar” para que nuestros hijos crezcan en dicha tradición y puedan continuarla. Hoy más que nunca necesitamos claridad acerca de las verdades y costumbres cristianas ya que nuestros hijos están constantemente bombardeados por un ambiente secularista y poco cristiano.

Queremos ser catequistas, educadores en los valores y costumbres cristianas para nuestros hijos. De allí la pregunta de cuánto tiempo le dedicamos a nuestra formación catequética. Lo que no se sabe, no se vive y no se puede luego enseñar.

Un gran problema en América Latina es la ignorancia religiosa. Esto ha provocado la proliferación de innumerables sectas cristianas y no cristianas que van lentamente minando nuestra fe. La familia en el judaísmo, acostumbrada a vivir en la diáspora, tiene un rol fundamental en la transmisión de la fe. Qué bien nos haría como matrimonio tomar el catecismo y empezar a leer juntos las partes que más nos interesan. Tendría que transformarse en nuestro “mataburros”.

También podríamos preguntarnos cómo cultivamos nuestro amor a la Iglesia en nuestra casa: la lectura de la palabra de Dios, nuestras conversaciones acerca de la fe, cómo aprovechamos los periodos de catequesis de confirmación y primera comunión de nuestros hijos. Nuestro desafío es conquistar lo que se ha heredado. Tenemos que llevar hacia las nuevas playas lo que nos legaron nuestros abuelos. ¿Qué nos legaron? Lo que hayáis heredado de vuestros padres, conquistadlo para así poseerlo realmente.

Que esos valiosos bienes de la fe católica se conviertan en íntima personalísima posesión nuestra; de lo contrario nada estará asegurado en nosotros ni en nuestra familia, ni tampoco estaremos prevenidos contra el espíritu mundano y demoníaco”.

Preguntas para la reflexión

¿Cómo acompañamos a nuestros hijos en la preparación para la primera comunión y confirmación?¿Cultivamos como familia las tradiciones cristianas?

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¿Es La Hora De Los Laicos? PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

¿Es La Hora De Los Laicos?

Por Silvia del Valle.


Después de algunos meses del terremoto que sacudió nuestro país y que dejó devastadas algunas regiones, se sigue sintiendo la necesidad de ayudar a nuestros hermanos en desgracia y donde no sólo la cuestión física es importante.

Hemos visto también qué hay personas que han querido ayudar de forma más directa y han salido dañados por gente que no tiene conciencia y lucra con la necesidad de los más desamparados.

Ante este panorama me hago esta pregunta ¿qué lugar debemos tener los laicos? ¿Qué nos toca hacer para mejorar la situación actual de nuestro México?

San Juan Pablo II nos dedica, desde hace muchos años, una encíclica completa para definir nuestra misión. En la Christi Fidelis Laici encontramos con claridad líneas concretas de acción pero ¿La hemos leído? ¿Por lo menos sabíamos que existe?

Se que es muy difícil que todos podamos estar al día en la lectura de los documentos y el magisterio que la Santa Madre Iglesia tiene, por eso aquí les dejo mis 5Tips para trabajar en la Iglesia como laicos en familia.

PRIMERO. Conoce lo que la Iglesia necesita de ti.
Si nos damos tiempo de leer un poco la encíclica, San Juan Pablo II nos pide que nos involucremos más en la vida de la Iglesia.

No debemos buscar tener un lugar que no nos toca, solo es necesario saber que tenemos misiones que sólo nosotros podemos realizar.

No podemos sentirnos sacerdotes y querer hacer lo que el sacerdote debe hacer, pero si debemos realizar las funciones que Dios nos ha encomendado.

Y principalmente debemos involucrarnos en la ayuda a la parroquia y a ayudar a las necesidades de los sacerdotes.

Y ahora que nuestros hermanos están con gran necesidad de apoyo podemos organizarnos para coordinar los esfuerzos de ayuda, siempre bajo el amparo y dirección del sacerdote.

SEGUNDO. Pongamos nuestros talentos al servicio de los demás.
Dios nos regaló talentos no para que seamos más que los demás, sino para que los pongamos al servicio de los demás.

Como dice la parábola, si solo los guardamos, Dios nos pedirá cuentas y no le va a gustar lo que viciemos con ellos.

Por eso es necesario que cooperemos con lo que si sabemos y podemos hacer.

Siempre es mejor que nos caractericemos por ser serviciales y por ayudar a los demás, que por ser egoístas y llevar solo agua a nuestro molino.

Si Dios nos ha dado la capacidad de organizar, pues colaboremos con la organización de eventos en la parroquia o para recolectar ayuda para los damnificados. Si Dios nos dio la capacidad de enseñar pues es genial que nos pongamos al servicio de quienes no saben pero quieren aprender.

El punto está en nuestra actitud de servicio y ayuda al prójimo.

TERCERO. Que tú hijos vean colaboras con Alegría.
La Alegría es el sello de Jesús en tu vida por eso es súper importante ser alegres y contagiar esa alegría a los que nos rodean.

Si nuestros hijos ven que cooperamos pero nos quejamos de todo, por supuesto que los no estarán dispuestos a ayudar, pero si ven que lo hacemos con gusto y con Alegría, ellos también se contagiarán de esa alegría y estarán dispuestos a ayudar y de poner sus talentos al servicio de los demás.

Una buena forma de contagiar esa alegría es reflexionar con nuestros hijos la bendición que es poder ayudar a los demás.

Con mis hijos, desde antes de comenzar una jornada de ayuda la ofrecemos y le pedimos a Dios que por los méritos de esa ayuda, las almas del purgatorio sean ayudadas también.

Esto les ha hecho un sentido de solidaridad y ahora mismo están organizando acciones para ayudar a los demás.

CUARTO. El Papa recomienda menos clericalismo.
Este punto es muy importante, ya que debe haber un daño equilibrio.

Ni el padrecito debe tener clericalismo, ni los laicos se deben sentir Obispos o sacerdotes.

Cada quien tiene sus roles y son insustituibles, pero si es importante que los pastores permitan a su rebaño estar cerca y ayudarles en sus necesidades y cooperar para lograr el fin común que es llevar a Cristo a más almas.

De esta forma ya no tendríamos sacerdotes que se sienten pulpos, ni laicos que se sienten dueños de la iglesia solo por la antigüedad que tienen.

Y QUINTO. Más jóvenes y más mujeres.
La participación de los jóvenes es vital. No por nada se ha declarado un año de la juventud!!!

Para gloria de Dios, los jóvenes también se van integrando más y más a la vida activa de la iglesia pero es necesario que los contagiemos más de esa Alegría que solo Dios da.

En cuanto a las liberes, Jesús fue el primero en darnos el lugar que nos corresponde, sin sentirnos más pero tampoco menos.

La mujer, a ejemplo de Maria, tiene un papel importantísimo en la Iglesia, debe acompañar y cuidar de los sacerdotes y del pueblo de Dios.

Por supuesto que podemos cooperar con las labores administrativas de la parroquia o de algún movimiento, pero no debemos olvidar que la misión de ser madre y maestra ora muchos nos la hereda Maria Santísima en la Iglesia y de la Iglesia a nosotras.

Por eso, debemos enseñar a nuestras hijas a trabajar y cooperar desde el lugar que corresponde en la liturgia de la iglesia.

Debemos pedirles a nuestras hijas que se involucren en la vida activa de la Iglesia y que cooperen poniendo sus talentos en beneficio de los que más lo necesitan.

Pongamos manos a la obra para seguir construyendo la civilización del Amor aquí en la tierra, primero, y después en el cielo.

Y por último, no tengamos temor de acércanos a ayudar y llevar a nuestros hijos, eso es normal y así debe ser por dos motivos.

Primero para que ellos aprendan cooperar y a vivir en la dinámica de la Iglesia y Segundo, para que la comunidad reciba el testimonio de que la Cid familiar es hermosa y de que aún hay familias que estamos dispuestas a dejar el yo para ir al tú y ver cómo te puedo ayudar.

Si tenemos dudas podemos hacernos la pregunta ¿Cómo actuaría Jesús en esta situación? Y ese debe ser nuestro modelo a seguir.

Que todo sea para la máxima gloria de Dios.

Por Silvia del Valle
@SilviaMdelValle
@TipsMama5Hijos

 

 
Función Magisterial de la Familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

 

 

Función Magisterial de la Familia.

Autor:  Padre Nicolás Schwizer (Suiza-Paraguay)
Fuente:

En la época de los primeros cristianos toda la vida eclesial se desarrollaba en las casas, ya que aún no había templos propios. Toda la familia se convertía y pasaba a formar parte de la Iglesia. Hoy en día volvemos a tomar conciencia de esta realidad tan importante. A través del bautismo y del sacramento del Matrimonio Cristo mismo está presente en cada hogar cristiano y desde allí realiza su tarea salvadora: sana, bendice, transforma, guía y educa a su pueblo en su camino de Salvación.

En el documento Lumen Gentium del Concilio Vaticano II leemos: “en esta especie de Iglesia doméstica los padres deben ser para los hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo y deben fomentar la vocación sagrada”.

Nuestra primera experiencia eclesial es nuestro propio hogar. Allí aprendemos a creer, a amar a Dios y a los hombres, allí nos desarrollamos como personas. En el seno del hogar encontramos a Dios que habita en medio nuestro. Por el bautismo participamos de la misión profética, sacerdotal y real de Cristo; por el sacramento del matrimonio lo hacemos como pareja, y Cristo mismo actúa a través nuestro santificando nuestra familia. Tanto el padre como la madre participan del magisterio, del sacerdocio y de la pastoral de Cristo. Ellos son los primeros catequistas y formadores de la fe cristiana.

La Iglesia, en su función magisterial, tiene la misión de transmitir la fe, velar por las tradiciones y verdades de la Iglesia. Cristo nos ha revelado la verdad acerca del Padre y nos ha mostrado el sentido del hombre mismo.

Esto se ha afianzado durante los siglos a través de tradiciones que cultivaron y ayudaron a llevar a la vida dichas verdades cristianas. Es nuestra tarea como familias “velar” para que nuestros hijos crezcan en dicha tradición y puedan continuarla. Hoy más que nunca necesitamos claridad acerca de las verdades y costumbres cristianas ya que nuestros hijos están constantemente bombardeados por un ambiente secularista y poco cristiano.

Queremos ser catequistas, educadores en los valores y costumbres cristianas para nuestros hijos. De allí la pregunta de cuánto tiempo le dedicamos a nuestra formación catequética. Lo que no se sabe, no se vive y no se puede luego enseñar.

Un gran problema en América Latina es la ignorancia religiosa. Esto ha provocado la proliferación de innumerables sectas cristianas y no cristianas que van lentamente minando nuestra fe. La familia en el judaísmo, acostumbrada a vivir en la diáspora, tiene un rol fundamental en la transmisión de la fe. Qué bien nos haría como matrimonio tomar el catecismo y empezar a leer juntos las partes que más nos interesan. Tendría que transformarse en nuestro “mataburros”.

También podríamos preguntarnos cómo cultivamos nuestro amor a la Iglesia en nuestra casa: la lectura de la palabra de Dios, nuestras conversaciones acerca de la fe, cómo aprovechamos los periodos de catequesis de confirmación y primera comunión de nuestros hijos. Nuestro desafío es conquistar lo que se ha heredado. Tenemos que llevar hacia las nuevas playas lo que nos legaron nuestros abuelos. ¿Qué nos legaron? Lo que hayáis heredado de vuestros padres, conquistadlo para así poseerlo realmente.

Que esos valiosos bienes de la fe católica se conviertan en íntima personalísima posesión nuestra; de lo contrario nada estará asegurado en nosotros ni en nuestra familia, ni tampoco estaremos prevenidos contra el espíritu mundano y demoníaco”.

Preguntas para la reflexión

¿Cómo acompañamos a nuestros hijos en la preparación para la primera comunión y confirmación?
¿Cultivamos como familia las tradiciones cristianas?

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Función sacerdotal de la Familia. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.

Función sacerdotal de la Familia.

Autor: Padre Nicolás Schwizer (Suiza-Paraguay)
Fuente:

La Iglesia en su función sacerdotal, ofrece sacrificios espirituales al Padre y conduce el mundo hacia Él. “Los bautizados vienen a ser “piedras vivas” para edificación de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo…”

El Bautismo hace participar en el sacerdocio común de los fieles. Conducir la familia al Padre, ser educadores de la vida religiosa de nuestros hijos, esa es nuestra difícil tarea de padres. En el sacramento del matrimonio recibimos la gracia necesaria para realizar esta tarea.

De esta función podríamos sacar muchísimas consecuencias para nuestra vida cotidiana. ¿Cómo hemos desarrollado nuestra creatividad en las celebraciones de la Pascua y Navidad? Recordemos que somos parte viva de la Iglesia y que participamos de su vida litúrgica. La Eucaristía es la “fuente y cumbre de la vida cristiana” y por lo tanto también debería serlo de nuestra vida familiar. “Que nuestra vida diaria sea una perpetua repetición de la presentación de las ofrendas, de la consagración y de la comunión. Así participaremos de la función sacrificial del sacerdote”. Somos sacerdotes para nuestros hijos y nuestra tarea es ayudarlos a crecer en su vida de oración. Aquí tiene un rol particular la madre en la enseñanza y el padre presidiendo las oraciones familiares y bendiciendo a los hijos.

La Iglesia participa de la función real de Cristo en el gobierno del mundo. Pero lo hace como el Buen Pastor sirviendo a los suyos. Los padres realizan esta tarea en primer lugar para con sus hijos. “La salvación de mi familia ha sido puesta en mis manos. Esto es muy importante para nuestra actitud personal y espiritual. Yo soy el buen pastor previsto por Dios desde la eternidad para mi Iglesia en miniatura; sobre mis espaldas descansa la felicidad o la desgracia de mis hijos”.

Las tres virtudes esenciales del buen Pastor son su amor, su fidelidad y su solicitud.

1. El buen Pastor es el que da la vida por sus ovejas, el que ama a los suyos. Esa es la actitud interior de los padres frente a los hijos. Se trata de comprender bondadosamente a los hijos.

Los padres tratan de escuchar y entender lo que sus hijos llevan en su corazón. Confían en el bien del otro y lo estimulan. Son respetuosos de la originalidad de cada uno y del misterio de pequeñez que hay en cada persona.

2. La fidelidad es la característica particular de este amor. La fidelidad entre los esposos no se trata solamente de no engañar a nuestro cónyuge con otro varón u otra mujer, sino fidelidad significa luchar cotidianamente, en las pequeñas cosas para que este amor crezca.

Un empleado fiel es aquel con el que podemos contar en cada momento y hace bien su trabajo, no sólo el que no nos engaña trabajando para la competencia. Qué importante es valorar este aspecto que está tan debilitado en nuestra vida familiar. Qué importante es rezar por nuestra mutua fidelidad.

3. La solicitud de pastor nos lleva a luchar para que nuestra familia sea abierta y preocupada para los que nos rodean. Una familia solidaria con el entorno que le toca vivir. Si queremos constituir una gran comunidad, tenemos que solidarizarnos con las familias que se nos unen. Preocupémonos de ellas, hagamos sacrificios y oremos por ellas. Queremos conformar un pequeño reino, no sólo en el marco de nuestra propia familia, sino más allá de ella; queremos ser una sola alma y un solo corazón con todas las familias.

Si alguien viniese y preguntase dónde está la Iglesia, mi respuesta tendría que ser: mi familia. ¡Qué gran tarea!

Mi familia es una Iglesia en pequeño. Allí esta Cristo presente y desde allí realiza su obra redentora. Si antiguamente fueron los conventos los lugares entorno a los cuales creció el occidente cristiano ahora serán las familias, verdaderos talleres de vida cristiana, en torno a las cuales occidente volverá a ser cristiano

Preguntas para la reflexión

¿Es mi familia una Iglesia doméstica?

¿Somos una familia solidaria con los demás

 
“Porque amaba a tu madre” PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Familia.



“Porque amaba a tu madre”

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.
Fuente: catholic.net.

El hijo pregunta a su papá: “papá, ¿por qué me has dado la vida?” El papá responde: “porque amaba a tu madre”.

El ejemplo, presentado por un obispo italiano, monseñor Carlo Caffarra, pone el amor como el primer paso de la fecundidad, de la vida, en aquellas parejas que quieren vivir unidas bajo el signo de la entrega mutua.

Cada nuevo hijo nace gracias a otros, depende de otros en su existencia. Esta dependencia explica las profundas relaciones que se establecen entre el hijo y sus padres.
No se trata sólo de una relación biológica, aunque esa relación sea muchas veces muy visible (“¡cómo se parece a su madre!” “¡tiene los ojos de su padre!”). Se trata de una relación mucho más profunda, una relación que se basa en el amor.

Un hombre y una mujer se aman. El amor madura, crece, llega al compromiso, al matrimonio. El amor sigue su camino. El “amaba a tu madre”, el “amaba a tu padre”, un día se convierte en la noticia: alguien ha surgido del amor, alguien empieza a vivir desde el amor. Alguien que es hijo, que es “nuestro hijo”, se introduce entre nosotros, no para separarnos, sino para unirnos de un modo mucho más profundo, más rico, más fecundo.

La pareja recibe la invitación a una nuevo etapa en su camino matrimonial. Antes el hijo era sólo una posibilidad que entraba en el proyecto del amor de los esposos. Ahora es una realidad. Ya está aquí: necesita más cuidados, más atenciones, menos humo en casa y más descanso para mamá.

Pero no basta con los consejos “médicos”. Ese hijo real, vivo, concreto, todavía escondido en el cuerpo de la madre, invita a un paso más profundo. Puede ser amado, puede ser respetado, así, como es.

Desde el amor se comprende que unos esposos acojan al hijo no como si fuese un problema, sino como a una riqueza. Eso es lo propio del amor: ver lo positivo, incluso cuando hay que apretar más los espacios en el piso o ahorrar más para pañales.

Ver lo positivo también cuando el hijo no es cómo se esperaba. Cuando es niño y no niña (o al revés). Cuando es enfermo y no sano. Cuando llega en un momento no previsto, pero no por ello deja de ser una noticia que enciende una llama de esperanza.

Cuando falta el amor, en cambio, es fácil ver al nuevo hijo como un obstáculo a los proyectos familiares, como un problema para el espacio en el piso y en el coche, como un potencial enemigo para el hermanito pequeño que empieza a dar señales de celos.

Sin amor, es fácil caer en la cultura del dominio, en la que el hijo deberá superar el test de los planes de los adultos para lograr el ingreso en el mundo de los vivos. Una cultura del dominio que ha promovido el aborto, el infanticidio, la esclavitud o la venta de niños. Una cultura que dice: sólo nacerá un hijo cuándo y cómo lo decidan sus padres, o el jefe de la tribu, o un poderoso dictador que determina quiénes pueden tener hijos y cuántos pueden ser concebidos por cada “cupo familiar”, o el jefe de la empresa, que no renueva su contrato a aquellas mujeres que necesitan ausentarse por motivos de maternidad.

A pesar de las dificultades, a pesar de la oposición de algunos, siempre será hermoso el nacimiento de un hijo que viene del amor y que enriquece el amor. “Porque amaba a tu madre”, “porque amaba a tu padre”, “porque te amábamos”, puede convertirse, en unos años, en un “yo también os amo”. Quizá simplemente “porque antes me habéis amado a mí”. O también “porque sois buenos, lo habéis sido conmigo, y me estáis enseñando que la vida vale cuando se vive con amor”.

El mundo del matrimonio y la familia es distinto cuando se vive en este dinamismo. No es un ideal para pocos: en cada corazón se esconde ese sueño, ese deseo de amar. No sólo porque hemos experimentado lo hermoso que es vivir cuando nos aman, sino también porque sabemos que hay otros (sobre todo, esos otros más cercanos) que piden y necesitan que les demos amor.

Un amor que es sumamente bello cuando ese otro (le llamamos hijo) viene a casa desde un “te quiero, me quieres” que llega a ser fecundo y rico, que se convierte en “te queremos como eres: ven a enriquecer nuestro amor de esposos, ven a caminar cogido de nuestras manos enamoradas”.

 
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