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Eucaristía.


La misión profética de la Iglesia PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

Eucaristía, un acercamiento verdadero.

Autor:
Sergio Torres.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

¿Alguna vez te a pasado que te sientes extraño? Algo así como alejado de todo y de todos; pues hoy quiero compartir contigo la manera en que puedes evitar que esto te vuelva a suceder, tan solo debes de tener la voluntad suficiente para tomar una decisión que seguramente cambiará tu vida.

Cada uno de nosotros lleva consigo la parte espiritual que lo mueve a diferentes acciones o a veces la tenemos aletargada y sin hacer gran cosa o incluso dormida en inmovilidad absoluta, dependiendo del carácter de tu vida de fe es como podrás conseguir que el resto de tu vivir sea congruente y estable, o sea, que no te sientas “sacado de onda” o dicho de otra manera fuera de lugar, en el Evangelio Jesús nos habla de lo afortunados que somos al ser receptores de la revelación que su Padre nos hace a través de Él, pues “nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo”, con esto Jesús nos da a entender que nosotros podemos acércanos a nuestro Padre por medio de Él, y de una manera más precisa lo podemos resumir en la Eucaristía, siendo esta el sacrificio incruento que Dios nos regala en cada Liturgia, la Eucaristía sana, alegra, ilumina, te da el entendimiento necesario para la vida, para “tu vida”, en ella encontramos el camino que Dios nos pide recorrer día a día, quien toma y comparte la Eucaristía queda extasiado de Él, pues en ella se vive el verdadero acercamiento a Jesús, a nuestro Padre.

Cuando comulgas llevas a cabo ese maravilloso encuentro con nuestro creador, como su nombre lo dice la “comunión” es la común unión entre el y nosotros, es en encuentro entre el hombre y lo divino, este momento es cuando nosotros subimos un escaloncito y nuestro Padre baja otro para encontrarse con nosotros, de modo que la próxima vez que te acerques a la Eucaristía no te olvides de estas palabras pues es el momento de vivirlo, si nunca haz sentido lo que hoy te comparto es por falta de conciencia a la comunión, y como Dios es maravilloso en cada liturgia te da una nueva oportunidad de vivir esta experiencia, de vivir el verdadero acercamiento a Él.

 
María y la eucaristía. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Eucaristía.

María y la eucaristía.

Autor:
Fuente:
www.mensajespanyvida.org

Sabemos que, después de la ascensión de nuestro Señor Jesucristo, la Virgen María fue «acogida en la casa» del apóstol San Juan (Jn 19,27). Como también sabemos que los apóstoles comenzaron a celebrar la eucaristía a partir de Pentecostés. Esto nos hace, por tanto, suponer con base muy cierta que la santísima Virgen participó en la eucaristía cuantas veces pudo hasta el momento de su asunción a los cielos.

La Virgen María es, pues, indudablemente el modelo perfecto de participación en la misa. Nadie como ella ha vivido la liturgia eucarística como actualización del sacrificio de la cruz. Nadie ha reconocido como ella la presencia de Jesús en los fieles congregados en su Nombre. Nadie como ella ha distinguido la voz de su hijo divino en la liturgia de la Palabra. Nadie ha hecho suyas las oraciones, alabanzas y súplicas de la misa con tanta fe y esperanza, con tanto amor como la Virgen María. Nadie en la misa se ha ofrecido con Cristo al Padre de modo tan total a como ella lo hacía. Nadie ha comulgado el cuerpo de Cristo, ni el mayor de los santos, con el amor de la Virgen Madre. Nadie ha suplicado la paz y la unidad de la santa Iglesia con la apasionada confianza de la Virgen en la misericordia de Dios providente. Nadie, en toda la historia de la Iglesia, ha estado en la misa tan atenta, tan humilde y respetuosa, tan encendida en oración y en amor, como la Madre de la divina gracia.

Conviene, pues, que tomemos a la Virgen María como modelo y como intercesora para adentrarnos más en el misterio eucarístico. Oigamos la Palabra «con la fe de María». Elevemos al Padre la atrevida oración de los fieles «con la esperanza de María». Acerquémonos a comulgar «con el amor de María». Que sea ella, la que estuvo al pie de la Cruz, la que, con la paciencia propia de las madres, nos enseñe a participar más y mejor en la santa misa, sacrificio de la Nueva Alianza.

 
Jesús se quedo con nosotros por tres fines. PDF Imprimir E-mail
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Reflexiones - Eucaristía.

Jesús se quedo con nosotros por tres fines.

Autor: San Alfonso de Ligorio, Apostolado BíblicoCatólico.
Fuente: Preparación para la Muerte y la Eternidad.

"Venid a Mi todos los que estáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré" (Mt 11,28)

1o. Jesús nos quiso dejarnos solos.

Dice San Pablo de Alcántara que es verdaderamente admirable la grandeza del amor que tuvo el Divino Salvador el cual al partir  de este mundo, después de haber conseguido nuestra redención, no quiso dejarnos solos en este valle de lagrimas, sino que se quedó presente en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, para alimento nuestro y como amigo y compañero de viaje de nuestro camino hacia la eternidad.

Esta presencia de Jesús en la Eucaristía merece toda nuestra gratitud, y por eso el Sagrado Corazón al aparecerse a Santa Margarita le pidió que se celebre cada año la fiesta del Sagrado Corazón y que cada primer viernes se le ofrecen actor de amor, de desagravio y de gratitud.

Por tres fines.

Jesús se quedó en el Santísimo Sacramento para que le encuentre todo el que le busque. Para escucharnos atentamente siempre que queramos hablarle. Y para concedernos infinidad de gracias y favores. Y está presente en todos los altares de mundo donde haya hostias consagradas.

Aquí en este Santísimo Sacramento sí que se cumple aquella maravillosa promesa de Jesús: "Yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los siglos" (Mt 28,20) y la noticia tan hermosa que dijo Moisés: "No hay nación o religión que tenga a sus dioses tan cerca, como el Dios nuestro está presente en este medio de nosotros" (Deut. 4,7).

Jesús está en nuestros altares como un prisionero de amor. ¿Para qué? Para que le encuentre todo el mundo el que lo desea, y le hable todo el que quiere hablarle.

No hay parroquia por obre que sea, que no tenga a Jesús en el Santísimo Sacramento. No hay convento sin Sagrario donde se conservan las hostias consagradas. San Bernardo al ver la pobreza de ciertos sagrarios decía nuestro Señor: "OH Dios, esto nos está de acuerdo con tu Majestad", y oyó una voz que le respondía: "Pero sí tu Majestad:, y oyó una voz que le respondía: "Pero sí está de acuerdo con el gran amor que os tengo".

Visita a los santos lugares.

Con qué emoción y fervor visitan los peregrinos y turistas la Cueva de Belén, donde nació Jesús, v el Santo Sepulcro de Jerusalén, y el Lago de Tiberiades donde hizo tantos milagros, y Nazaret donde vivió 30 años, y el Monte Tabor donde se trasfiguró; el río de Jordán donde fue bautizado, y el Monte de los Olivos donde sudó sangre. Pues con el fervor igual y aun más grande deberíamos visitarlo en los templos donde Jesús se halla presenta en el Santa Hostia. San Juan de Ávila decía que y que le causara mayor fervor y devoción que un templo donde haya un Sagrario con Hostias Consagradas. Por aquí está Jesús presente realmente.

Un santo misionero se entristecía al ver tan llenos los teatros y tan vacíos los templos donde está nuestro Señor.

Una suposición:

Supongamos que nuestro Señor Jesucristo no estuviera presente sino en un solo templo del mundo, por ejemplo en la Basílica de San Pedro en Roma. ¡OH qué cantidad tan grande de peregrinos viajaría hasta allá. Con qué fervor y devoción irían a visitarlo!. ¡Qué sagrario tan bello se construiría! Que gran iluminación se colocaría allí. ¡Con qué respeto tan inmenso estarían todos los que logran acercarse!. Pues bien: Jesús está ahora en todos los templos católicos donde hay Hostias Consagradas.

Jesús parece decirnos: No he querido quedarme en un solo templo ni en un país lejano. He preferido quedarme en todos los templos, muy cerca de mis fieles para que me encuentre todo el que me busca y pueda hablarme todo el que lo desea, y así lograr estar muy cerca de todos los necesitamos para distribuirnos a manos llenas mis gracias y favores.

¿A quién se le podría ocurrir ésto?

Si a Jesucristo no se le hubiera ocurrido esta maravillosa idea de quedarse en la Eucaristía con nosotros. ¿A quién se le hubiera podido ocurrir? Qué tal que antes de Jesús anunciara la institución de la Eucaristía, a alguno de sus discípulos se le hubiera podido ocurrir decirle: "Por favor Maestro: ¿quiere quedarse con nosotros todos nuestros templos en forma pequeña hostia?" -¿A qué criatura se le iba a ocurrir semejante atrevimiento? Pero a Nuestro Divino Redentor sí se le pereció tan bella idea y la ha realizado plenamente para bien nuestro.

Pero: ¿cómo hemos correspondido nosotros a tan enormemente demostración de cariño de nuestro Redentor? ¿Qué tanta ha sido nuestra gratitud? Si el jefe de una nación hiciera un largísimo viaje solamente por ir a visitar a un pobrecito ciudadano y concederle muchos favores y permitirle que le hablara con toda confianza, ya esto nos parecería un acto de enorme generosidad. Pero y si ese humilde ciudadano no quisiera darle gracias por ese favor ni aceptara acercarse al jefe para charlarle y para recibir sus favores, ¿qué diríamos de semejante ingratitud y falta de respeto? Y no será eso lo que hacemos nosotros a veces con nuestro Amo sacramento?

*********

2o. Jesús en la Eucaristía recibe a todo el que quiera hablarle.

Decía Santa Teresa que así como es de difícil lograr una audiencia para hablar con el jefe de una nación, así es fácil conseguir hablar con Jesús en la Sagrada Eucaristía. Los pobres no logran hablar con los grandes jefes sino por medio de terceras personas. En cambio con Nuestro Señor podemos hablar directamente todo vez que vayamos a Visitarnos en el sagrario, donde se encuentra presente en la Santa Hostia.

Dice San Juan Crisóstomo que para hablar con jefe de la nación hay que pedir audiencia con bastante antelación y esperar con anticipación en determinado lugares y oficinas donde únicamente atiende. Y en cambio desde que Jesús nació en Belén, al nacer en una cueva sin puertas, parece que nos está diciendo todos: "Para hablar conmigo no necesitan pedir audiencia con anticipación, ni haber antesalas. Basta que vengan a Mí, que inmediatamente los atenderé con todo gusto y atención". Jamás en el Sagrario Jesús nos va a decir: "Ya no es hora de atención al publico. ¡venga después!".

Una presencia humilde.

Si Jesús estuviera en el templo en medio de grandes resplandores y rodeado de relucientes arcángeles, a nosotros daría verdadero temor acercarnos a Él para hablarle. Pero en cambio nos espera allí en forma sencilla Hostia, que a nadie asusta ni aleja con terror. Y podemos acercarnos a Él y hablarle con la mayor confianza y exponerle nuestras necesidades y contarle nuestras penas, y pedir su ayuda y su perdón y decirle que lo amamos con todo el alma.

¿Y por qué esto? Tomas de Kempis en su hermoso libro de la Imitación de Cristo, responde: "Se quedó en la Eucaristía para que podamos acercarnos a él como al añade: "Jesús encubrió su Majestad bajo las apariencias de una humilde hostia porque desea que vayamos si temor a hablarle y que le pidamos con la mayor confianza".

Algo que seria muy emocionante.

¿Qué tal que nos llegara un mensajero a decirnos que el jefe de la nación nos quiere hablar, y que podemos ir a su palacio y pedirle cuánto necesitamos, pues está dispuesto a ayudarnos con toda generosidad? Seguramente que sentiríamos un enorme emoción. Pero he aquí que sentiríamos un enorme emoción. Pero he aquí que el Jefe de todo el Universo a quien todo poder se le ha dado en el cielo y en la tierra nos dice expresamente: "Venid a Mi todos los que estáis fatigados y agobiados, y Yo os aliviaré" (Mt 11,28). Jesús desde cada Sagrario siguen diciéndonos cada día  y cada noche: Vengan todos los que están tristes, o pasan situaciones difíciles, o tienen problemas, Vengan confiados , que Yo los aliviaré, pues para eso he querido permanecer en el altar.

*******

3o. Jesús en el Santísimo Eucaristía cumple lo que dice San Agustín: "El Señor tiene mayor deseo de ayudarte, que tú de recibir sus ayudas".

Cristo es bondad en persona; y la bondad de por sí es difusa y quiere comunicar a los demás las riquezas y los favores que pueden obsequiar. Más que disgustarse porque le pidamos, lo que sí puede disgustar a Jesucristo es que no le pidamos o que le pidamos muy poquito. Nuestro Señor nos sigue repitiendo lo que dijo el profeta: "¿por qué no vienen más a pedirme  las ayudas que necesitan? ¿Es que alguna vez me he comportado con Uds. como tierra estéril que no produce frutos? ¿Acaso es que cuando me han podido beneficios no he respondido a sus peticiones?

Siempre será el Señor pronto a ayudarnos y a responder nuestras peticiones de ayuda. Pero la experiencia de muchas almas piadosas han demostrado que en el Santísimo Sacramento escucha de manera espacialísima las suplicas de sus devotos. En este Sacramento cumple nuestro Salvador lo que anunció por Isaías "Así como una madre consuela y trata con cariño a su hijo pequeñito, así os consolaré yo" (Is 66,13), Un santo vio que en el Sagrario estaba Jesús con las manos llenas de tesoros para repartir, pero que eran muy pequeñitas las personas que acudían  a pedirle sus favores.

Dichosa el alma de la persona que es generosa en emplear buenos ratos en estarse junto al Santísimo Sacramento adorado, dando gracias y pidiendo ayudas. ¡Cuántos y cuántas en el mundo entero han experimentado las maravillosas iluminaciones que se reciben al visitar a Jesús en el Eucaristía y las gracias para el alma y los favores materiales que se consiguen visitando fervorosamente a Jesús en el Santísimo sacramento.

A un alma muy piadosa le preguntaron qué hacia ella cuando iba a visitar a nuestro Amo Sacramento y respondió: ¿Qué hace un pobre muy necesitado cuando va a visitar a un rico muy generoso? ¿Qué hace un enfermo cuando va a visitar al medico? ¿Qué hace uno que recibió grandes favores cuando va a visitar al Santísimo yo doy gracias a generoso Bienhechor, pido la salud del alma al Medico Celestial e imploro como el pobre más necesitados las gracias que necesito, al Dador de todo el bien." Dar gracias, amar, suplicar. ¿Qué obra mejor se puede hacer?

Jesús le dijo a Santa Margarita de Alacoque estas hermosas palabras: "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los seres humanos, y en cambio ha recibido indeferencia, ingratitud y olvido. Y lo que más siento es que este comportamiento tan frió e indiferente proviene de muchas personas que me están especialmente consagradas". Y Jesús al decir  estas palabras apareció con su Corazón rodeado de llamas que significan el inmenso amor que nos tiene, y coronado de espinas que representan nuestras ingratitudes e indeferencias hacia Él.

¿Por qué la gente va tan pocas veces a hablar con Jesucristo en la Eucaristía, en los Templos? Probablemente porque lo aman muy poco. Pues con los amigos que aman sí emplean muchos ratos charlando. Con gentes del mundo pasan contentos horas enteras charlando, y con el Amigo Celestial les perecen demasiado largos unos pocos minutos de visita. ¿Por qué? Es que prefieren lo terrenal y material a lo eterno y espiritual. ¿Qué tal que nosotros pudiéramos repetir lo que decía San Felipe Neri: "Jesús sacramentado es el Amor de mis amores" Entonces se nos volverían como pocos minutos las horas pasadas visitando a Jesús sacramentado en el Sagrario.

San Francisco Javier al volver por la noche después de pasar el todo el día predicando y bautizando y atendiendo pobres y enfermos, se arrodillan ante el Sagrario y allí se quedaba largos ratos. A veces el sueno lo dominaba y quedaba dormido por un poco de tiempo sobre la alfombra de la capilla, pero luego despertaba y seguía orando a Jesús allí presente. Y al día siguiente su palabra era fuego que convertía los corazones más endurecidos.

San Francisco de Regis, gran predicador, cuando pasaba por frente a un templo entraba y se arrodillaba ante el Santísimo Sacramento. Y si el templo estaba cerrado se quedaba afuera, frente a la puerta, rezando un buen rato.

A San Luis Gonzaga le encantaba pasar mucho tiempo orando ante el Sagrario. Pero los superiores para probar su obediencia se lo prohibieron. Entonces él cuando pasaba por frente de la capilla y sentía tan inmensos deseos de entrar a hablar con Jesús Sacramentado, al recordar que se lo habían prohibido exclamaba: "Señor , perdóname. Tú sabes cuánto deseo estar junto a Ti. Más la obediencia me lo prohíbe. Pero tú sabes que te amo. "Que te amo mucho". Y emocionado se alejaba suspirando.

Amable creyente: ¿en verdad sientes tú un amor semejante a Cristo Sacramentado? Esfuérzate por hacer cada día una fervorosa visita a Jesús en el Sagrario, que Él sabrá ir volviendo más fervoroso tu corazón. ¿Me dices que sientes frialdad y tibieza? Te respondo con las palabras de Santa Catalina: "Acércate al horno ardiente de caridad y Él te concederá el calor de fervor que necesitas". Y entonces conseguirás no amar tan exageradamente las cosas materiales y sensuales de esta tierra, y en cambio irte entusiasmando por Dios y por los bienes celestiales. Y se cumplirá en ti lo que te dijo San Francisco de Sales: "Cuanto en tu casa haya fuego de amor de Dios, iras echando por la ventana lo que pueda hacer arder el alma en fuego de pasión y de maldad".

 
Grito silencioso. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Eucaristía.

Grito silencioso.

Autor:
Pbro. Dr. Antonio Orozco Delclós.
Fuente: www.mensajespanyvida.org

El Sagrario es una llamada a entretenerse en conversación de fe, esperanza y amor con Quien ha dado y sigue dando su sangre por nosotros. Un grito silencioso: ¡Estoy aquí! ¡Venid los que andáis cansados, agobiados, descorazonados, que yo os aliviaré! ¡Venid también los que estáis contentos, que me gusta compartir vuestra alegría y llenarla, para que sea completa, más honda y duradera, más auténtica, más humana y más divina, que nadie os pueda arrebatar!

Para alcanzar la amistad creciente con Cristo es preciso ir purificando la mente y el corazón, porque Él es la pureza misma. La frecuencia en el Sacramento de la Penitencia es el gran medio purificador. Sin él, nuestra fe sería escasa; nuestra esperanza, incierta; nuestro amor, dudoso; nuestra obras torcidas. «No es solamente la Penitencia la que conduce a la Eucaristía, sino que también la Eucaristía lleva a la Penitencia.

En efecto, cuando nos damos cuenta de Quien es el que recibimos en la Comunión eucarística, nace en nosotros casi espontáneamente un sentido de indignidad, junto con el dolor de nuestros pecados y con la necesidad interior de purificación» (Juan Pablo II, Dominicae Cenae, 24-II.1980, n. 7). Así conseguiremos que «brille todavía más la gloria y la fuerza de la Eucaristía» (Bula Incarnationis mysterium, n. 11).

 
El ojo del huracán. PDF Imprimir E-mail
Reflexiones - Eucaristía.

 

El ojo del huracán.


Autor: Mark Link

Fuente: Libro Desafio

 

El "ojo" del huracán es algo impresionante. Para darse una idea de cómo es, imaginase a un "frisbee" con un hueco pequeño cortado en el centro. Extienda el "frisbee" hasta que su diámetro sea de cien millas y el hueco del medio tenga un diámetro de diez millas.

 

Ahora, haga girar al "frisbee" a una velocidad  de cien millas por hora.

 

Eso es lo que podría describir a un huracán. Pero tenga presente que dentro del "ojo" del huracán no hay viento, sólo cielo azul y un sol  resplandeciente. El "ojo" del huracán es una imagen de la Eucaristía.

 

Se puede desatar tormentas políticas a nuestro alrededor, pero en la Eucaristía encontramos una calma pacifica, cielos azules de esperanza, y un Hijo resplandeciente.

 

Pero la intención de Jesús no es que nos mantengamos en el "ojo" eucarístico.

 

Nosotros debemos entrar en la tormenta y convertirnos en "ojos" de paz para los demás. Debemos de compartir la paz que Jesús compartió con nosotros.

 

¿De qué mejor manera puedo compartir con los ojos demás la paz que Jesús compartió conmigo?

 

 
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