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Ataques a la Iglesia ¡Qué tontos!

Fuente: www.mensajespanyvida.org / www.diosbendice.org
Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez


La Iglesia siempre ha tenido enemigos y de los buenos, pues por todo el tiempo han seguido y seguirán atacando.
Desde que la Iglesia sale de los escondites de las catacumbas, por temor a la represión romana que perseguía todo lo que tenía olor a cristianismo, siempre ha tenido enemigos y de los buenos, pues por todo el tiempo han seguido y seguirán atacando. Hoy en día, casi a diario, los de siempre, los que no son felices o sienten distanciamiento inútil dentro de una visión que necesita que hayan puntos de vistas diferentes, pero que se tienda a una sola verdad. Esos, los llamados enemigos salen a difamar, insultar y crear desconfianza. Hoy, como ayer, hay muchos con deseos de volver al pan y al circo donde los cristianos eran echados a los leones y todos gozaban de la manera como eran devorados. Todavía, y para nadie es un secreto, que siguen existiendo Herodes, Pilatos y sanedrines que quieren quitar a la Iglesia del medio para ellos hacer de las suyas.

Yo, como sacerdote, siento vergüenza y mucha tristeza, por los sacerdotes pedófilos. Cuestión que es cierta y no se puede ocultar, pero también es innegable que han querido hacer de esto algo como muy natural en los sacerdotes, pues solamente el 0.3% del Clero ha caído en esta aberrante práctica. Aclaro, que la Iglesia es profundamente humana y no está fuera del alcance del pecado o el vencimiento de la tentación de la carne. Estoy hablando de un puñado de sacerdotes pecadores y bien pecadores, pero es un pellizco frente a los abrazos, piernas y vidas de sacerdotes entregados, misioneros, trabajadores, cultivadores de los mejores valores que la sociedad actual necesita y sabe agradecerles. Miles de colegios, hospitales, casas de misión, orfelinatos, talleres y obras que la Iglesia a lo largo y ancho del mundo entero realizan sin devengar sueldo o retribución económica. Hombres que no necesitan ser golpeados a realazos para ejercer su ministerio. Estoy hablando de ese hombre o mujer, sacerdote, religiosa que se interna en el pueblo X y desde allí inicia su labor apostólica en pro de todos y con respeto y libertad. Deja familia, deja una mejor posición, pues siempre se ve que al maestro d e la escuela, al médico del ambulatorio, al comandante de la policía y al prefecto los ascienden, les pagan aguinaldos, los condecoran, los jubilan… y al sacerdote, al párroco lo cambian a otro pueblo para que continúen la labor en pro del evangelio.

Sería ridículo que un número tan pequeño de sacerdotes, equivocados y llenos de maldad, echen por tierra los miles de años de luchas y esfuerzo de una Iglesia, asistida por el Espíritu Santo y llevada magistralmente por Juan Pablo II. Porque lo siento y lo veo, debo decirlo, la gente, el común de los cristianos que con fe y amor viven en la religión católica no aceptan la matriz de opinión tan exagerada que buscan degradar y dañar la imagen de sacerdotes y religiosas insignes y vitales para el bien de todos. Ellos no se dejan llevar por las voces inmorales que atropellan y están a la caza de cualquier y simple caída para hacer un escándalo.

Sería interesante preguntarles a los atacantes ¿Dónde están sus pecados? Pues si los tienen no podrán tirar la piedra o señalar, todo lo contrario, servirían para escandalizar. Por lo general quien ataca no lleva una vida muy cónsona con la moral y los mejores principios. Siempre están amparados en los juegos ideológicos de una politiquería ambiciosa, cruel y sucia donde hay ausencia de moral, de respeto y de libertad. Ellos son…

Los que hablan de vida y son fabricantes de preservativos y maquinaria para matar los óvulos y espermatozoides.

Los que conversan de vida familiar y son unos divorciados pica flores que van de puerto en puerto buscando pareja.

Los que dicen apreciar la juventud y son los mayores vendedores de droga y toda clase de vicios que destruyen la juventud.

Son los defensores del trabajo pero a la hora de pagar los sueldos en la fábrica y proteger al obrero son los más insensibles y traidores.

Los que se arrojan como representantes del pueblo como sus candidatos y al llegar al curul levantan la mano a favor del aborto y la no educación religiosa en las escuelas.

Los que discuten de la paz, para que mañana sean los testaferros de los perros de la guerra y los defensores del actuar contra la vida como justificación a las situaciones difíciles.

Los casados pero frente a un inconvenientes optan por el divorcio dejando a la vera del camino a pareja e hijos sin ninguna responsabilidad y compromiso.

Estos y todos los que irán apareciendo cuando sean toados sus intereses, son os personajes que atacan a la Iglesia por las obras de arte del Vaticano, por la riqueza de sus templos, por las palabras del sacerdote en la predicación del domingo, por el cobro de la inscripción en la escuela parroquial, por la verdad que se escribe a diario en los miles de periódicos, revistas, programas de radio y televisión. Siempre, pero siempre habrá “alguien” descontento o que se aproveche de nuestras debilidades para atacar. Cuestión que la veo natural y hasta sana, pero cuando se hace con saña y alevosía se convierte en abuso y daño. Por eso es verdad aquel decir: “Si la Iglesia ataca al vicio, el vicio ataca a la Iglesia”

Pareciera imposible, pero es cierto, cuando Jesús nos invita a perdonar hay que hacerlo y punto. “Perdonen setenta veces siete… Amen al prójimo y no devuelvan mal por mal. Hagan siempre el bien…” Es el amor el que manda y no la venganza. Pero aclaremos, llenos de amor si, pero no tontos. Recordemos astutos como serpientes y mansos como palomas. Pero no tontos. Además, todos estamos claros que en toda la vida, desde la creación de Adán y Eva, ha existido la muerte y la traición. La policía no es mala y hay que eliminarla porque hay miembros o integrantes policiales corruptos y traidores. Así con todas las agrupaciones u organizaciones. Entones, a la Iglesia si hay que eliminarla. ¿No será que está estorbando? ¿O no sirve para los caprichos o antojos de quienes quieren tener una sociedad rendida a sus pies?

¿Qué político puede tener, todos los días, hasta 500 personas a la escucha atenta, decorosa y silenciosa de la palabra de Dios leía e interpretada por un sacerdote? Estoy hablando de la celebración de la Santa Misa de todos los días. L influencia de la Iglesia es muy grande, pero es una influencia con respeto y bien ganada. No es una imposición. Es y será una forma natural de seguir siendo una Iglesia del amor y el respeto en un Dios que nos ama a pesar de todo.

 


El papel de los laicos en la vida de la Iglesia

Fuente: Semanario Arquidiocesano de Guadalajara
Autor: Mons. José Trinidad González Rodríguez

Un saludo cordial a todos los sacerdotes y fieles laicos de la Arquidiócesis de Guadalajara. En esta ocasión, la invitación es a reflexionar sobre la importancia del ministerio de los laicos en la vida de la Iglesia.


El término “laico”

La palabra «laico», es un derivado del término latino “laos” que significa “pueblo”; fue acuñado muy temprano por el cristianismo y nunca, en ninguna cultura, menos en el cristianismo, significó que alguien no tuviera ninguna religión como se ha pretendido interpretar este en nuestro país, por la influencia liberal y del iluminismo francés con su connotación anticristiana. Esta interpretación desde luego está equivocada y está en contra de las tres grandes religiones monoteístas del mundo; por lo tanto, dar la interpretación de laico como una realidad arreligiosa, en el fondo expresa una ignorancia.


Los laicos y el clero

Cuando la Iglesia Católica pasó a ser la religión oficial del Imperio Romano, en el año 313, se especificó un poco más el término laico. En esta coyuntura histórica estaba muy definida la diferencia entre los miembros de la Iglesia cuyo primer nivel era el “laos”, el pueblo, que en su mayoría eran personas que no habían tenido acceso a la educación y que no dominaban el latín, pero que participaban activamente en la vida de la Iglesia sin ser sacerdotes, obispos o monjes. No se debe entender con esto que el término fuera despectivo.

Otro grupo o segundo nivel lo formaban los clérigos. “Cleros” es una palabra latina que se traduce como separados, en referencia a aquellos o aquellas que se separaban del pueblo y adquirían un compromiso como diáconos, presbíteros, monjes o monjas. Así fue que se formaron dos estilos de vida: los clérigos (los cleros, separados) que se distinguían con el uso de un “hábito”, y los laicos (que pertenecían al pueblo).

Entre los clérigos ha existido una especificación importante. Hay un clero secular y un clero regular. El clero secular, para derribar la idea de que la Iglesia desprecia al mundo, es el que está inmerso en las realidades terrenas; la palabra secular viene del latín “saeculum” que se traduce como “siglo”, entonces el clero secular es el que va con el siglo, que no está bajo un reglamento, sino bajo la disposición del Obispo y que vive en el mundo; tiene su casa y su vida al lado del pueblo y también es llamado clero diocesano, por pertenecer a una diócesis.

El clero regular, en cambio, lo integran aquellos que viven total o parcialmente en un convento. La palabra ‘regular’ tiene su raíz en el latín “regula” traducido como regla. Sus miembros viven bajo un estilo, un regla de vida muy específica.

Todo esto hay que especificarlo para que se entienda muy bien el término laico(a). A mí me gusta mucho el término que se acuñó como fruto del Sínodo dedicado a los laicos en Roma y que es el título de una reflexión Post-conciliar «Christifideles laici», que se traduce como «fieles cristianos laicos. También es propio llamar al laico «seglar», que son los que no llevan hábito, no están en un convento.


El resurgimiento de los laicos en la vida de la Iglesia

Uno de los aspectos negativos en el caminar de dos mil años en la vida de la Iglesia ha sido, en algunos momentos y en algunos lugares, creer y asumir que la inmensa tarea pastoral depende únicamente del clérigo. Esto es un grave error que tiene su recurrencia. En el principio de la vida de la Iglesia el papel de los laicos fue muy importante, tanto de los hombres como de las mujeres. El primer impulso evangelizador de la Iglesia se realizó a través de laicos.

Posteriormente, poco a poco por la idea de que la perfección cristiana obliga a retirarse del siglo y concentrarse más en la vida interior y cambiar el modo de vestir y de actuar, se fue haciendo la idea de que lo importante era el estado clerical, y por lo tanto se requería vestir un hábito y pertenecer a una orden, lo que contradecía los inicios de la tradición cristiana donde la orden de las viudas, de las vírgenes, entre otras, eran órdenes laicales.

En 1962, en la celebración del Concilio Vaticano II, uno de los temas obligatorios y centrales fue restituir al laico, al seglar, su lugar imprescindible en la actividad de la Iglesia Católica, para que los laicos no sólo fueran objeto de la evangelización sino protagonistas y responsables de esta tarea; de ahí surgió el Documento del Concilio llamado «Apostolicam actuositatem» que está de dedicado al laico.


La vocación del laico en la Iglesia

Desde la celebración del Concilio Vaticano II se ha venido perfilando la vocación del laico como miembro de la Iglesia. Esta vocación la presentamos el año pasado en el lema del Congreso Diocesano de Laicos: «Hombres y mujeres de Iglesia en el corazón del mundo»; esta es la vocación primera del laico: hombres y mujeres en comunión con la Iglesia, seguidores de Jesucristo, pero que no viven en el convento, que no traen un hábito, sino que viven en el corazón del mundo, y el corazón del mundo son las familias, las fábricas, las oficinas, la política, le economía, el deporte, las comunicaciones; ahí la vocación del laico es santificar el ambiente.

Un buen ejemplo lo encontré en una noticia que recientemente leí: en África, donde la conversión de un islámico al cristianismo merece la muerte, muchos musulmanes se están haciendo católicos, contrario a la creencia de que era imposible que un islámico se convirtiera al cristianismo. Lo curioso es que como los amenazan de muerte, huyen un tiempo de su lugar de origen a un lugar donde ser católico no esté penalizado, pero después de un tiempo de empaparse de Dios, de la fe católica, vuelven a su tierra para ser misioneros sin temor de dar la vida por su fe. Aquí está la vocación esencial del laico, no separarse del mundo sino vivir inserto en él, y desde él, evangelizar.


Protagonistas de la evangelización

Los laicos, pues, deben ser los principales protagonistas de la evangelización; ellos deben llegar a donde no llega el sacerdote o la religiosa; ellos deben ser los evangelizadores de avanzada. Esta es la hora del laico, de los seglares conscientes que no deben separarse del mundo para realizar su labor. Por lo mismo, no es correcto que cuando a un laico de una parroquia lo llamen a ser ministro o ministra de la Comunión le quieren imponer un hábito o distintivo; lo más correcto es que mantengan su vestimenta seglar. Que los laicos no se clericalicen y que los clérigos no se laicisen.


José Trinidad González Rodríguez,
Obispo Auxiliar de Guadalajara


Una verdadera escena de amor: Pentecostés

Autor: Padre Marcelo Rivas Sánchez.
Fuente: www.mensajespanyvida.org Padre Marcelo Rivas Sánchez.


Qué día tan grande para todos, este día de Pentecostés, donde resuenan aquellas palabras de Jesús en el Cenáculo: “Es mejor que me vaya para que el Espíritu Santo les enseñe toda la verdad”
Dice la antífona de entrada para este día tan solemne: “El Espíritu del Señor llena la tierra; Él da unidad a todas las cosas y hace comprender en todas las lenguas. Aleluya” Hoy, más que nunca es lo que necesitamos para llegar a acuerdos serios que hagan que la humanidad crezca y sea correspondida en el amor que tanto necesitamos. Por eso en la oración colecta decimos: “Dios nuestro, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones; concede al mundo entero los dones de tu Espíritu Santo y continúa realizando hoy, en el corazón de tus fieles, la unidad y el amor de la primitiva Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo… Amén.

Qué día tan grande para todos, este día de Pentecostés, donde resuenan aquellas palabras de Jesús en el Cenáculo: “Es mejor que me vaya para que el Espíritu Santo les enseñe toda la verdad” (Juan 16,7). Qué fiesta de recuerdos y palabras cumplidas cuando en aquella Ascensión les gritó: “No se vayan hasta que les envíe el Espíritu Santo” (hechos 1,7-8). Qué manera de entregarse y a la vez de hacerse fuerte. Da la vida en la cruz y la vence con la Resurrección; se hace alimento en el Pan Eucarístico y, para que comprendamos los pasos de la salvación, hoy y siempre, nos deja al Espíritu Santo.

El Espíritu Santo que llenó a todos de su fuerza hace posible que se pierda el miedo para que aquellas lenguas de fuego fueran dorando las nuevas vidas y las convirtiera en testigos parlantes de las grandezas de Dios que se entendían en una variada humanidad (Hechos 2,1-11). No solamente te alabamos Señor, sino que te suplicamos con el salmo 103 que mandes tu Espíritu para que renueves la faz de la tierra. Esta tierra que tiene tantos obstáculos para convivir como hermanos. Por eso es, que eres grande, creando, renovando para que todos te demos gloria. Pero nadie lo podrá hacer si no está movido por el Espíritu Santo (1 Corintios 12,3 -13). Es en su presencia que hay carismas (1 Corintios 12-13-14), muchos servicios, inmensidad de actividades para que formemos un solo cuerpo porque hay un solo Espíritu.

Hoy la Iglesia agita sus campanas y entona con gozo el canto del Gloria de la alabanza en la presencia de Dios y con fina voz, antes del Evangelio, recita la Secuencia:

Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si Tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

Amén.

Hoy es el día de la gran alegría de la Iglesia que peregrina por esta tierra para que en su caminar siga repitiendo:

Aleluya, aleluya.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Aleluya

Oración confiada que penetra los oídos, bien despiertos, del Dios de la historia que en Jesús se hace humanidad para el camino, la verdad y la vida. Es, pues, el amor infinito de Dios que supera la muerte, gana la vida y constando las marcas del sufrimiento entra donde están escondidos los asustados discípulos y les dice: “La paz esté con ustedes” por dos veces y enseguida agregó: “Reciban el Espíritu Santo” (Juan 20,19-23) Aparición, abrazo de paz, soplo de aliento de vida, entrega del Espíritu Santo y el mandato del perdón. Qué escena de subida y bajada de telones para que llamemos a la obra: Pentecostés. Es decir, la presencia del Dios del amor y no se diga más.

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