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En el día de las comunicaciones sociales

Monseñor Carlos María Ariz, C.M.F., Obispo de Colón - Kuna Yala

El Concilio Vaticano II nos enseña que "La Iglesia, entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en nuestros tiempos, el ingenio humano ha extraído, con la ayuda de Dios, de las cosas que ha creado, acoge y fomenta con peculiar solicitud aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas.

Entre tales inventos, sobresalen aquellos medios que por su naturaleza no sólo pueden llegar y mover a cada uno de los hombres, sino a las multitudes y a toda la sociedad humana, como la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros semejantes, que por ello pueden llamarse con razón, medios de comunicación". (IM I) Cuando hablamos de "medios de comunicación", o de "comunicaciones sociales" nos referimos generalmente a los causes que hacen posible la transmisión de mensajes. Bajo estas denominaciones se entienden aquellos que reúnen las tres condiciones

fundamentales: pronunciada tecnicidad, idoneidad de comunicación y relevante factor de socialización. Y aquí entran: la prensa diaria y periódica, el libro, el cine, la radio, la televisión, el video y el teatro.

La actitud global del hombre y del cristiano, ante los medios de comunicación social, debe ser obviamente positiva, ya que son el fruto del ingenio humano y, en última instancia, dones de Dios. Pero esto no exime al hombre y al cristiano de tener que hacer un discernimiento ético y moral de toda comunicación social.

Los medios de comunicación deben tener muy en cuenta:

a) la dignidad del hombre, llamado a formar parte de la familia humana; b) el bien común, cuya realización se concreta a través de la promoción de los valores más específicos de la comunicación social: la comunicación y el progreso; c) la ley primordial de la sinceridad, de la honradez y de la verdad; d) el equilibrio entre información, formación y recreo; e) la libertad de expresión dentro del orden jurídico justamente establecido.

La Iglesia Católica, acuciada por la necesidad de evangelizar, considera que forma parte de su misión, predicar a los hombres con la ayuda de los medios de comunicación, ante su impacto en todas las instancias de la sociedad.

Con todo, la Iglesia tiene sus criterios muy concretos sobre el uso de los medios. No sólo en el orden de la evangelización, sino también como medio e instrumento de promover, entre los seres humanos, unas relaciones sanas, amistosas y fraternas. Por lo mismo, apoya la búsqueda y divulgación de las noticias porque existe en la sociedad humana el derecho a la información sobre cuanto afecte a los hombres individual o socialmente considerados, y El recto uso de este derecho exige que la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación.

Y por lo que respecta a los derechos del arte frente a la ley moral, el Concilio declara que debe ser respetada por todos la primicia absoluta del orden moral, puesto que es el único que trasciende y compagina congruentemente todos los demás órdenes de las relaciones humanas. El orden moral es, en efecto, el único que abarca en toda su naturaleza al hombre, criatura racional de Dios y llamado a lo sobrenatural.

Solamente el orden moral, si es observado fielmente, conduce a los seres humanos al logro pleno de la perfección y de la bienaventuranza.

Finalmente, la narración, la descripción o la representación del mal moral pueden ciertamente, con la ayuda de los medios de comunicación social, servir para conocer más profundamente al hombre, para manifestar y exaltar la magnificencia de la verdad y del bien, mediante la utilización de los oportunos efectos dramáticos; sin embargo, para que no produzcan más daño que utilidad a las almas, habrán de someterse completamente a las leyes morales. Sobre todo si se trata de asuntos que exigen el debido respeto o que incitan más fácilmente al hombre, herido por la culpa original, a deseos depravados. (Cf IM 7) No quiero cerrar estas citas y comentarios en torno al decreto pontificio "Inter mirifica" sin antes recordar a los comunicadores sociales su código de ética profesional integrado en las cuatro virtudescardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. ¡Feliz día!

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