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AVISOS IMPORTANTES
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Quiero informar a todos los Costarricenses y público
en general, que es un deber moral presentarnos este 3 de Agosto a las
4pm en la Iglesia Católica San José de la Diócesis
de Metuchen en Bound Brook, Nueva Jersey, USA.
Allí tendremos la particpación del Padre Flavio Brenes
de Costa Rica, capataz de la Virgen de los Angeles Peregrina, para celebrar
a lo grande el 2 de Agosto, día en que nuestra Viregncita apareció
en tierras de nuestro bello pais, Costa Rica, para darnos paz y ese
amor de madre que siempre ha tenido hacia a nosotros.
Las entradas son gratis, no se quede en su casa. Para mayor informaciòn
comuníquese a este correo electrónico: administracion@mensajespanyvida.org
o directora@grupojonas.com
Invitan:
www.mensajespanyvida.org
y Grupo Jonas (www.grupojonas.com)
Nuestra Señora de los
Angeles
Nuestra Señora de los Angeles
Patrona de Costa Rica
Fiesta: 2 de agosto
La
ciudad de Cartago, como muchas otras en la época colonial, segregaba
a los blancos de los indios y mestizos. A todo el que no fuera blanco
puro se le había prohibido el acceso a la ciudad, donde una cruz
de piedra señalaba la división y los límites.Estamos
en los alrededores del año 1635, en la sección llamada
"Puebla de los Pardos" y Juana Pereira, una pobre mestiza,
se ha levantado al amanecer para, como todos los días, buscar
la leña que necesita. Es el 2 de agosto, fiesta de la Virgen
de los Angeles, y la luz del alba que ilumina el sendero entre los árboles,
le permite a la india descubrir una pequeña imagen de la Virgen,
sencillamente tallada en una piedra oscura, visiblemente colocada sobre
una gran roca en la vereda del camino. Con gran alegría Juana
Pereira recogió aquel tesoro, sin imaginar que otras cinco veces
más lo volvería a hallar en el mismo sitio, pues la imagen
desaparecía de armarios, cofres, y hasta del sagrario parroquial,
para regresar tenazmente a la roca donde había sido encontrada.
Entonces todos entendieron que la Virgen quería tener allí
un lugar de oración donde pudiera dar su amor a los humildes
y los pobres.La imagen, tallada en piedra del lugar, es muy pequeña,
pues mide aproximadamente sólo tres pulgadas de longitud. Nuestra
Señora de los Angeles lleva cargado a Jesús en el brazo
izquierdo, en el que graciosamente recoge los pliegues del manto que
la cubre desde la cabeza. Su rostro es redondeado y dulce, sus ojos
son rasgados, como achinados, y su boca es delicada. Su color es plomizo
con algunos destellos dorados como diminutas estrellas repartidas por
toda la escultura.La Virgen se presenta actualmente a la veneración
de sus fieles en un hermoso ostensorio de nobles metales y piedras preciosas,
en forma de resplandor que la rodea totalmente, aumentando visualmente
su tamaño. De la base de esta "custodia" brota una
flor de lis rematada por el ángel que
sostiene la imagen de piedra. De esta sólo se ven los rostros
de María y el Niño Jesús, pues un manto precioso
la protege a la vez que la embellece.La "Negrita" como la
llama el cariño de los costarricenses, fue coronada solemnemente
el 25 de abril de 1926. Nueve años más tarde, su Santidad
Pío XI elevó el Santuario de la Reina de los Angeles a
la dignidad de Basílica menor.A Cartago llega un constante peregrinar
de devotos que vienen a visitar a su Madre de los cielos; muchos entran
de rodillas, como acto de humildad y de acción de gracias y luego
van a orar ante la roca donde fue hallada la bendita imagen. Esta piedra
se ha ido gastando por el roce de tantas manos que la acarician agradecidas
mientras oran, dan gracias y piden alivio a su dolor, sus sufrimientos
o sus necesidades. Debajo de esta piedra brota un manantial cuyas aguas
recogen los que acuden en busca de la misericordia y la salud. El agua
es signo del bautismo. No hay otra cosa que mas quiera la Virgen a que
vivamos profundamente las gracias de nuestro bautismo.
La ciudad de Cartago, como muchas otras en la época colonial,
segregaba a los blancos de los indios y mestizos. A todo el que no fuera
blanco puro se le había prohibido el acceso a la ciudad, donde
una cruz de piedra señalaba la división y los límites.
Estamos en los alrededores del año 1635, en la sección
llamada "Puebla de los Pardos" y Juana Pereira, una pobre
mestiza, se ha levantado al amanecer para, como todos los días,
buscar la leña que necesita. Es el 2 de agosto, fiesta de la
Virgen de los Angeles, y la luz del alba que ilumina el sendero entre
los árboles, le permite a la india descubrir una pequeña
imagen de la Virgen, sencillamente tallada en una piedra oscura, visiblemente
colocada sobre una gran roca en la vereda del camino. Con gran alegría
Juana Pereira recogió aquel tesoro, sin imaginar que otras cinco
veces más lo volvería a hallar en el mismo sitio, pues
la imagen desaparecía de armarios, cofres, y hasta del sagrario
parroquial, para regresar tenazmente a la roca donde había sido
encontrada. Entonces todos entendieron que la Virgen quería tener
allí un lugar de oración donde pudiera dar su amor a los
humildes y los pobres.
La imagen, tallada en piedra del lugar, es muy pequeña, pues
mide aproximadamente sólo tres pulgadas de longitud. Nuestra
Señora de los Angeles lleva cargado a Jesús en el brazo
izquierdo, en el que graciosamente recoge los pliegues del manto que
la cubre desde la cabeza. Su rostro es redondeado y dulce, sus ojos
son rasgados, como achinados, y su boca es delicada. Su color es plomizo
con algunos destellos dorados como diminutas estrellas repartidas por
toda la escultura.
La Virgen se presenta actualmente a la veneración de sus fieles
en un hermoso ostensorio de nobles metales y piedras preciosas, en forma
de resplandor que la rodea totalmente, aumentando visualmente su tamaño.
De la base de esta "custodia" brota una flor de lis rematada
por el ángel que
sostiene la imagen de piedra. De esta sólo se ven los rostros
de María y el Niño Jesús, pues un manto precioso
la protege a la vez que la embellece.
La "Negrita" como la llama el cariño de los costarricenses,
fue coronada solemnemente el 25 de abril de 1926. Nueve años
más tarde, su Santidad Pío XI elevó el Santuario
de la Reina de los Angeles a la dignidad de Basílica menor.
A Cartago llega un constante peregrinar de devotos que vienen a visitar
a su Madre de los cielos; muchos entran de rodillas, como acto de humildad
y de acción de gracias y luego van a orar ante la roca donde
fue hallada la bendita imagen. Esta piedra se ha ido gastando por el
roce de tantas manos que la acarician agradecidas mientras oran, dan
gracias y piden alivio a su dolor, sus sufrimientos o sus necesidades.
Debajo de esta piedra brota un manantial cuyas aguas recogen los que
acuden en busca de la misericordia y la salud. El agua es signo del
bautismo. No hay otra cosa que mas quiera la Virgen a que vivamos profundamente
las gracias de nuestro bautismo.
Fuente: www.corazones.org
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