La Iglesia siempre ha tenido enemigos y de los buenos, pues por todo el tiempo han seguido y seguirán atacando. Desde que la Iglesia sale de los escondites de las catacumbas, por temor a la represión romana que perseguía todo lo que tenía olor a cristianismo, siempre ha tenido enemigos y de los buenos, pues por todo el tiempo han seguido y seguirán atacando. Hoy en día, casi a diario, los de siempre, los que no son felices o sienten distanciamiento inútil dentro de una visión que necesita que hayan puntos de vistas diferentes, pero que se tienda a una sola verdad. Esos, los llamados enemigos salen a difamar, insultar y crear desconfianza. Hoy, como ayer, hay muchos con deseos de volver al pan y al circo donde los cristianos eran echados a los leones y todos gozaban de la manera como eran devorados. Todavía, y para nadie es un secreto, que siguen existiendo Herodes, Pilatos y sanedrines que quieren quitar a la Iglesia del medio para ellos hacer de las suyas.
Yo, como sacerdote, siento vergüenza y mucha tristeza, por los sacerdotes pedófilos. Cuestión que es cierta y no se puede ocultar, pero también es innegable que han querido hacer de esto algo como muy natural en los sacerdotes, pues solamente el 0.3% del Clero ha caído en esta aberrante práctica. Aclaro, que la Iglesia es profundamente humana y no está fuera del alcance del pecado o el vencimiento de la tentación de la carne. Estoy hablando de un puñado de sacerdotes pecadores y bien pecadores, pero es un pellizco frente a los abrazos, piernas y vidas de sacerdotes entregados, misioneros, trabajadores, cultivadores de los mejores valores que la sociedad actual necesita y sabe agradecerles. Miles de colegios, hospitales, casas de misión, orfelinatos, talleres y obras que la Iglesia a lo largo y ancho del mundo entero realizan sin devengar sueldo o retribución económica. Hombres que no necesitan ser golpeados a realazos para ejercer su ministerio. Estoy hablando de ese hombre o mujer, sacerdote, religiosa que se interna en el pueblo X y desde allí inicia su labor apostólica en pro de todos y con respeto y libertad. Deja familia, deja una mejor posición, pues siempre se ve que al maestro d e la escuela, al médico del ambulatorio, al comandante de la policía y al prefecto los ascienden, les pagan aguinaldos, los condecoran, los jubilan… y al sacerdote, al párroco lo cambian a otro pueblo para que continúen la labor en pro del evangelio.
Sería ridículo que un número tan pequeño de sacerdotes, equivocados y llenos de maldad, echen por tierra los miles de años de luchas y esfuerzo de una Iglesia, asistida por el Espíritu Santo y llevada magistralmente por Juan Pablo II. Porque lo siento y lo veo, debo decirlo, la gente, el común de los cristianos que con fe y amor viven en la religión católica no aceptan la matriz de opinión tan exagerada que buscan degradar y dañar la imagen de sacerdotes y religiosas insignes y vitales para el bien de todos. Ellos no se dejan llevar por las voces inmorales que atropellan y están a la caza de cualquier y simple caída para hacer un escándalo.
Sería interesante preguntarles a los atacantes ¿Dónde están sus pecados? Pues si los tienen no podrán tirar la piedra o señalar, todo lo contrario, servirían para escandalizar. Por lo general quien ataca no lleva una vida muy cónsona con la moral y los mejores principios. Siempre están amparados en los juegos ideológicos de una politiquería ambiciosa, cruel y sucia donde hay ausencia de moral, de respeto y de libertad. Ellos son…
Los que hablan de vida y son fabricantes de preservativos y maquinaria para matar los óvulos y espermatozoides.
Los que conversan de vida familiar y son unos divorciados pica flores que van de puerto en puerto buscando pareja.
Los que dicen apreciar la juventud y son los mayores vendedores de droga y toda clase de vicios que destruyen la juventud.
Son los defensores del trabajo pero a la hora de pagar los sueldos en la fábrica y proteger al obrero son los más insensibles y traidores.
Los que se arrojan como representantes del pueblo como sus candidatos y al llegar al curul levantan la mano a favor del aborto y la no educación religiosa en las escuelas.
Los que discuten de la paz, para que mañana sean los testaferros de los perros de la guerra y los defensores del actuar contra la vida como justificación a las situaciones difíciles.
Los casados pero frente a un inconvenientes optan por el divorcio dejando a la vera del camino a pareja e hijos sin ninguna responsabilidad y compromiso.
Estos y todos los que irán apareciendo cuando sean toados sus intereses, son os personajes que atacan a la Iglesia por las obras de arte del Vaticano, por la riqueza de sus templos, por las palabras del sacerdote en la predicación del domingo, por el cobro de la inscripción en la escuela parroquial, por la verdad que se escribe a diario en los miles de periódicos, revistas, programas de radio y televisión. Siempre, pero siempre habrá “alguien” descontento o que se aproveche de nuestras debilidades para atacar. Cuestión que la veo natural y hasta sana, pero cuando se hace con saña y alevosía se convierte en abuso y daño. Por eso es verdad aquel decir: “Si la Iglesia ataca al vicio, el vicio ataca a la Iglesia”
Pareciera imposible, pero es cierto, cuando Jesús nos invita a perdonar hay que hacerlo y punto. “Perdonen setenta veces siete… Amen al prójimo y no devuelvan mal por mal. Hagan siempre el bien…” Es el amor el que manda y no la venganza. Pero aclaremos, llenos de amor si, pero no tontos. Recordemos astutos como serpientes y mansos como palomas. Pero no tontos. Además, todos estamos claros que en toda la vida, desde la creación de Adán y Eva, ha existido la muerte y la traición. La policía no es mala y hay que eliminarla porque hay miembros o integrantes policiales corruptos y traidores. Así con todas las agrupaciones u organizaciones. Entones, a la Iglesia si hay que eliminarla. ¿No será que está estorbando? ¿O no sirve para los caprichos o antojos de quienes quieren tener una sociedad rendida a sus pies?
¿Qué político puede tener, todos los días, hasta 500 personas a la escucha atenta, decorosa y silenciosa de la palabra de Dios leía e interpretada por un sacerdote? Estoy hablando de la celebración de la Santa Misa de todos los días. L influencia de la Iglesia es muy grande, pero es una influencia con respeto y bien ganada. No es una imposición. Es y será una forma natural de seguir siendo una Iglesia del amor y el respeto en un Dios que nos ama a pesar de todo.