La deserción educativa.
Fuente: www.mensajespanyvida.org Autor: Jaime Samaniego
Cuando María ingreso a la universidad, siempre supo que aunque sea publica la educación que recibiría, de algún modo tenia que tener un sustento económico para mantenerse, tal vez no de la misma forma que con educación particular pero al fin seria algo casi determinante en la decisión de seguir o no estudiando.
Como ella, muchos estudiantes van encontrando en su camino situaciones que determinarán a futuro, el seguir o no dentro de una institución educativa, y eso no es solo a nivel universitario sino que se repite en todos los niveles educativos de algún centro. Estos no son los únicos casos de deserción educativa, existen muchos. La mala planificación también es una de las cosas más relevantes en estos casos. Muchos estudiantes dejan los centros de estudio porque se ponen de novios y le dedican bastante tiempo lo que deriva en la reducción del tiempo dedicado a la actividades académicas y esta nueva situación afectiva refleja nuevas responsabilidades que con el pasar de los días puede eliminar el tiempo para estudiar.
Para el caso de deserción por motivos económicos, es recomendable que los programas de becas sean más accesibles, se manejen más públicamente, con una instrucción sobre las mismas en medios públicos y en la secundaria. Para todo nivel es necesario esto; en niveles básicos de educación la propuesta iría dirigida a los padres de familia, en niveles más avanzados a los estudiantes, empleadores y responsables educativos.
La educación no hay que manejarla como un negocio que busca sólo el beneficio económico institucional, sino como el medio adecuado para formar una sociedad más critica, que aumente su capacidad de producir, de aportar a la solución de problemas.
Cuando desde las cúpulas se planifiquen programas educativos con calidad, prior izando la formación a lo monetario, habrá gente que integre la sociedad que también tome decisiones pensando en lo humano antes que en el dinero. Así se ganara no solo un proyecto de estudios, sino un proyecto de cambios sociales, de solidaridad.
Cuando aparece el problema de la deserción, y el plan educativo individual se ve alterado, sería muy interesante instrumentar algún tipo de alternativa a las personas afectadas para que puedan seguir educándose. La juventud es sinónimo de construir, es futuro y promesa y todos se merecen la oportunidad de construir algo bueno para sí mismos y para su entorno. La deserción es un problema social, que muchas veces lo vemos de lejos; esa etapa posterior a la deserción, a la salida del circuito formal de la educación, debe ser un tiempo de apoyo, de consejo, de reflexión y no de rechazo. Cualquiera que haya desertado debe creer que puede regresar y tomarse una revancha con lo que pasó.
María aún junta monedas para sus gastos, sus deseos son muy grandes, pero nada de eso valdría la pena si no tuviera su propio plan de contingencia para afrontar lo que venga, ¿por qué no somos parte de ese plan?.
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