De ahí que la recomendación principal sea partir por poner límites y dejar claras las consecuencias de no cumplirlos.
LA CLAVE: PACIENCIA
Los padres en una situación complicada están expuestos a otra situación similar al enfrentar a un hijo insistente o desobediente al que no pueden controlar con sus recursos habituales.
Y ahí viene el sacudón, el golpe, el tirón de pelo, como una expresión del fracaso en utilizar otra estrategia de control, explica la psicóloga de adultos, Andrea Oksenberg.
Mejor sería tener condiciones previas que no lleven a ese momento de descarga y que tienen que ver con los límites o las reglas que se ponen en una casa. Sin embargo, cuando el conflicto con el niño ya está en marcha y se intuye que va a terminar mal, existen alternativas para detenerse a tiempo.
Fijando las reglas Aquí, algunas pautas: .:Que el niño entienda y tenga claro qué es lo que se espera de él. .:Que las reglas sean consistentes y no se cambien de un día para otro. .:Que los castigos sean coherentes con la falta. Y que para el niño signifiquen una pérdida. .:Nunca el castigo debe quitar el afecto. El amor debe ser incondicional. .:No argumentar intencionalidad en la acción del niño, es decir, pensar que lo hizo para molestar a sus padres. .:Es importante erradicar las amenazas, porque muchas veces éstas quedan sólo en eso y el adulto aparece como poco fiable. .:No transmitir una obediencia absoluta a los adultos, porque predispone al niño a aceptar situaciones abusivas.
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Se le puede pedir a otra persona que intervenga, porque el papá o la mamá sienten que están al borde de pegarle. O ellos mismos pueden terminar ahí la discusión y dejar al niño en su cuarto, retirándose, sugiere la profesional.
Esta retirada puede darle al niño la sensación que los papás no pueden controlarlo o bien que ellos tienen límites y que hay situaciones que los sobrepasan, pero es humano también.
Finalmente, con el golpe el mensaje es «no puedo contigo», en cambio, al retirarse están dando un ejemplo de conducta, de autocontrol.
CON EL GOLPE NO HAY APRENDIZAJE
Ningún niño, cualquiera sea su comportamiento, merece el uso de una conducta maltratadora, ni física ni sicológica. El castigo, en general, es un modo de autorregulación emocional que le sirve al adulto para exteriorizar su rabia.
Sin embargo, con el golpe no hay aprendizaje y no se obtiene ningún cambio de conducta del niño. Y eso está demostrado.
Es importante para el niño tener en claro desde el comienzo, los límites y las claras consecuencias de traspasar esas reglas. Esto le da una sensación de certidumbre y seguridad, de poder predecir lo que viene. Por eso es mejor dejar de hablar de castigo y cambiarlo por límites.