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La Iglesia mira a la Tercera Edad

Fuente: Semanario.org.mx
Pastoral de Adultos Mayores


La Iglesia se ha preocupado por sus hijos, especialmente por aquéllos que viven en situaciones difíciles o que necesitan una comprensión diferente en la sociedad en la que vivimos. Dentro de este estrato de la población, es indudable que los adultos mayores ocupan un lugar destacado en las preferencias de nuestra Iglesia, y las razones son muchas.

Hijos de Dios


La primera de ellas es que los adultos mayores son también hijos de Dios y hermanos nuestros; otra es porque sus condiciones de vida son muy diversas entre ellos, y podemos percibir que así como algunos pueden llevar una vida normal como siempre lo han hecho, aun cuando con ciertas limitaciones naturales que el paso de los años ocasiona, hay otros que viven una situación diferente, dolorosa las más de las veces, ya que los aqueja una o varias enfermedades que merman su calidad de vida, o bien, carecen de familia a la que puedan acogerse.

La Iglesia valora a los adultos mayores como seres que viven una etapa muy importante y decisiva de su vida y de la sociedad. Conduce, además, al resto de la Iglesia a la reflexión y preparación para ayudarlos a vivir el ocaso de su vida, sin ningún temor, sin ninguna angustia, antes bien, con optimismo y confianza para enfrentar estos tiempos.

Un trabajo de todos


Es necesario que todo el Pueblo de Dios dé los pasos necesarios para que esta ayuda a los adultos mayores no se demore más, y que sus condiciones de vida mejoren aun cuando éstas ya sean aceptables, y se atiendan a aquellos que carecen de un mínimo de bienestar común para llevar calidad de vida, sin mayores limitaciones que las que la propia naturaleza les marque.

Los adultos mayores viven diversos periodos de edad en los que son afectados por enfermedades estables o largas y permanentes, que limitan la actividad personal que antes tenían. Hay personas mayores que a pesar de contar con mucha edad, prosiguen una vida normal, independiente; y otras que requieren asistencia diaria, hasta para resolver la más íntima de sus necesidades.

Diferentes realidades

Debemos reconocer que hay muchas familias que tienen en su seno adultos mayores, con un cuidado afectivo y necesario que permite que éstos vivan con tranquilidad, rodeados de amor, respeto y comprensión; mas hay quienes carecen de la posibilidad de vivir en familia, bien sea porque los suyos no pueden incorporarlos al seno familiar o no pueden mantenerlos por muy distintas razones. Habrá también adultos mayores que pudiendo vivir en el seno familiar, prefieren vivir solos.

Existen también adultos mayores con muy diferente situación económica: Hay quienes disfrutan de pensiones que les permiten vivir, si bien, no con lujos, sí con cierto desahogo; pero también están aquéllos cuyas pensiones apenas les permiten sobrevivir con un sinfín de limitaciones, y finalmente los que carecen de cualquier subsidio económico. Hacemos especial énfasis en este grupo, donde abundan las mujeres.


Un hecho por demás importante es que día con día la población de adultos mayores ha venido creciendo y los recursos que el Estado dedica a éstos, disminuye, debido a los costos de la vida, que cada vez aumentan más.

Honor a quien honor merece

Los adultos mayores merecen la gratitud de la sociedad, así como su reconocimiento y respeto por todo el quehacer de su vida, pues, de alguna manera, han llevado el bien a otros a lo largo de su existencia; el agradecimiento debe manifestarse en una asistencia pastoral dirigida especialmente a ese núcleo de la sociedad.

Amor y comprensión: Dos de sus necesidades

Así pues, la Iglesia insta a las familias, en primerísimo lugar, a que puedan acoger, cuidar y asistir a sus adultos mayores, y en segundo término, no menos importante, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, agentes de pastoral, comunidades eclesiales, a que promuevan todo aquello que pueda ayudar a las familias a asumir mejor y más comprensivamente esta misión. Que los adultos mayores vivan, en el crepúsculo de su existencia, una vida donde el amor y la comprensión sean los factores que los acompañen.

No podemos dejar de invitar a los propios adultos mayores para que sientan, a través de sus pastores, el amor y la preocupación de la Iglesia, que indudablemente los acompaña en el descubrimiento del Plan de Dios en sus vidas, así como la valorización de la influencia en las personas que los rodean, y tengan estos últimos una respuesta donde el amor sea el factor que rija en sus relaciones diarias.

 
 
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