Mirada superficial: La Iglesia se presentaría como una sociedad religiosa más, entre muchas más. Es la mirada "aséptica" del descreído, de quien no tiene fe. Sólo vive ve los defectos de quienes están en la Iglesia y al frente de la Iglesia.
Mirada más penetrante: Reconocerá los valores y la vitalidad de la Iglesia. Discernirá en su unidad y la universalidad un conjunto de caracteres maravillosos. Se asombrará del poder espiritual del Papa, afirmando que su origen, desarrollo e influjo constituyen el fenómeno más extraordinario de la historia del mundo. Pero todavía no va al fondo. Es la mirada del estudioso bien intencionado y honesto.
Mirada de fe: Es la única manera de percibir el misterio de la Iglesia. Con la fe descubrimos que su origen está en Dios, que Cristo la ha enriquecido con su Espíritu y con los medios de salvación, y que tiene por misión hacer que todos los hombres lleguen al pleno conocimiento de la verdad y participen de la redención operada por Cristo.