Cuaresma y Conversión.


Autor: padre Eugenio Hoyos
Fuente: Periódico El Diario de Hoy.

 

    Los cristianos en el mundo entero hemos empezado un tiempo especial en nuestras vida. Desde el Miércoles de Ceniza comenzamos a vivir obras de preparación, de reflexión, de caridad, de ayudar, de orar más en familia y en comunidad, de hacer penitencia, pero sobre todo la Cuaresma imprime un nuevo oxígeno espiritual a nuestras almas.

    Qué alegría la oportunidad que nos da la Iglesia para acercarnos más a Dios y a nuestros prójimo. La Cuaresma no es un tiempo para rechazar las cosas que más nos gustan como los dulces, las sodas, las tortas, las gomas de mascar, la música, etc. Es el tiempo para convertirme definitivamente a Dios y llenarme de gozo por pertenecer activamente a la Iglesia. Es un momento crucial para rechazar el pecado, los vicios, la indiferencia social. Es un tiempo para amar a Dios y al prójimo.

    "Si alguno de vosotros, hermanos míos, se desvía de la verdad y otro le convierte, sepa que el que convierte a un pecador de un camino desviado, salvará su alma de la muerte y cubrirá multitud de pecados". Con este anuncio concluye su carta el apóstol Santiago en la Biblia en su mensaje de esperanza en el amor y la conversión.

    Conversión es el nombre bíblico del camino positivo, de rehacer constante que vive quien ama a Dios. Convertirse es volver al buen camino, es volver a Dios y al hermano y andar en una vida nueva. Sólo el amor da fuerzas para liberarse del pecado, acabar los vicios y abandonar la esclavitud. La unión con Dios te da poder y eres capaz de cambiar. Con la fuerza divina ayudas a otros a nacer de nuevo.

    Prójimo es más que teoría: es la práctica del amor con el hermano. Podemos pasar mucho tiempo estudiando y definiendo y no llegar a nada. Esto se experimenta en el hermano que tiene hambre, que no tiene empleo, el migrante, o está enfermo. En ellos nos quiere encontrar. Para ello tengo que abrir los ojos para ver la miseria que hay alrededor de mí y sólo puedo abrir los ojos si amo.

    Pero no puedo ir a obrar y amar si antes pregunto ¿quién es mi prójimo? Si amo y oro veré cómo Dios me invita a improvisar y llevar oxígeno a otros que se ahogan en la oscuridad y el pecado. Tengo que dejarme sorprender por las tareas que Dios me plantea hoy.

    Crecer y convertirse es lo que pedía Jesús a sus oyents. La fe sin un cambio de vida no deja de ser un sofisma. Cree en el poder de la Eucaristía. Conviértete y ayuda a otros a convertirse.

    Piensa positivo y oxigena el alma... ¡Busca a Dios!