La oración.
Autor: Fuente: Revista: La palabra entre Nosotros.
¿Cuántas veces ha tratado usted de hacer al pie de la letra lo que dice Jesús, orando y pidiendo, y se ha quedado con la idea de que sus oraciones no fueron escuchadas? A todos nos sucede y a veces terminamos por sentirnos desalentados y confundidos.
Entendido en forma literal, equivale a que Jesús dijera que la oración es como una máquina expendedora de sodas: uno pone la petición (la moneda) y sale la respuesta (la soda). Pero Jesús quería llegar a algo mucho más importante que una oración “automática”. Estaba tratando de enseñarnos cómo es el Padre que tenemos en el cielo, que no nos da lo que no nos conviene, pero que jamás nos deja sin saber qué hacer y sin esperanza.
Nos ama demasiado para eso, y como sabe mucho más que nosotros, también sabe qué es lo que realmente necesitamos y lo que deseamos.¿Sig esto que no debemos pedir, o dejar de pedir lo que queremos? ¡En absoluto! El Padre eterno se complace mucho en ver que acudamos a Él, aunque nuestras oraciones sean un poco miopes o mal orientadas, porque cada vez que oramos nos ponemos en su presencia y Él derrama su gracia sin límites sobre nosotros, a pesar de que no nos conceda inmediatamente lo que le estemos pidiendo.Pero la oración no es sólo para pedir. La oración nos conduce al privilegio de una comunión profunda e íntima con Dios.
Parece increíble, pero es cierto que el Creador de todo quiere que sus hijos conozcan su propio corazón y entiendan su sabiduría y su justicia. Lo hace para que empecemos a buscar y desear aquello que Él busca y desea.Jesús nos invita a seguir pidiendo, buscando y tocando a la puerta, porque quiere darnos lo que necesitamos, pero también quiere que tengamos una correcta comunión consigo.
Nos pide que recemos con firme perseverancia, porque si pedimos aquello que es más importante para Él, poco a poco empezaremos a razonar y desear lo que Él desea. Dios quiere darnos el reino de los cielos y, como lo dice la Escritura, “todo lo demás como añadidura”.
“Padre, te pido que me llenes más de tu Espíritu Santo para que yo siga pidiendo, buscando y tocando a la puerta de tu reino. Y mientras rezo, concédeme, Señor, una revelación para conocer mejor a tu Hijo Jesús y saber cuánto nos ama a todos.”
|